Estaba aburrido y no tenía ningún sitio donde mirar, cuando te vi llorar. No estaba atento a tu presencia, cuando me giré y vi como tu rostro cambiaba de una piel tersa a otra desfigurada. No decías nada y apenas encogías tus hombros en dirección a tu cara. Tu garganta lloraba pronunciando tropiezos que hubieran querido ser palabras. Mi absurdo aburrimiento se marchó, cuando mi mano se dirigió a tu espalda. Tampoco supe cómo entretener aquel mal momento; mi mente jugaba fuera de allí, ajena, y no logré hacerla venir al instante. Mientras mi mente regresaba, esperando en medio de los dos me situé. Hice esfuerzos por decir, y por callar, cuando tú ya gritabas. En ese momento me hubiera gustado ser parte de tus palabras, haberme sentido diana de una ira que a los dos punzaba. En fin, me hubiera gustado no estar distraído entre faldas y haber jugado contigo a saltar entre nuestras sábanas mucho antes de que lloraras. Tus lágrimas continuaban deslizándose por el cristal del espejo roto en el que se había convertido ya mi alma y donde ya no me reflejaba, donde mi imagen quedaba desfigurada a la par que tu cara. De espaldas eras la misma, con tu cabello perfumado y tus hombros desnudos que tiritaban. El revés de un amor que me daba por momentos la espalda, y por allí mi mirada hacía esfuerzos por mirar al otro lado del amor, al comienzo del reverso, al anverso de tus lágrimas

El anverso de tus lágrimas
Octubre 8, 2008 at 19:07
Excelente publicación, las palabras justas para expresar y transportar hasta el lugar indicado.